El viernes nos escapamos a Avilés a ver a los Celtas Cortos, la segunda vez en este verano. Pero es que me gustan.
Ir a un concierto donde el ritmo te hace saltar, donde las letras son conocidas, están aprendidas y te recuerdan momentos de la vida que llevas a cuestas, es algo que merece la pena.
Con el paso de los años, me he llegado a cansar de los temas demasiado lacrimógenos, de los grupos que le cantan al desamor porque parece que en sus vidas no hay más inquietud que esa. Me he cansado de los Ubagos y las Malús que hay por el mundo.
Quizás por eso y a pesar de los años me siguen gustando los Celtas, porque en sus letras hablan de lo que pasa, hablan de inmigración, de jóvenes que no se ocupan de nada más que de ellos mismos, hablan de lo que es en realidad la vida. Hablan y hacen que quieras cambiar el mundo, que te apetezca que llegue el día de la revolución. Ese día que nos va a pillar desprevenidos y sin afeitar.
Quizás le vendría bien a la sociedad un poco de Celtas para espabilar, para remover conciencias y aguijonear perezas.
Fue un pedazo de concierto, todavía lo escucho si cierro los ojos.
Gracias Cifu, gracias Celtas.
¡Pero esto qué es!
Hace 3 días